Yo le quité el vestido a la novia

Todos tenemos anécdotas pre matrimoniales dignas para contar a los nietos, mientras que otros tienen una lista de quejas que jamás contarán.

No falta que platicando con alguien me diga: escribe eso en tu blog, así que a petición del público hoy les dejaré de dar sermones motivacionales y les contaré lo que pasó muchos años atrás.

Las protagonistas de la historia fuimos una prima de esas no de sangre pero si del alma y yo.
Cierto día recibo el tan soñado anillo de compromiso y comienzo con los preparativos, aparté la iglesia el único día del año que estaba disponible, después recibo una llamada de mi mamá: mijita, quién crees qué se casa? Tu prima fulanita! y fue a apartar la iglesia y el día que quería, tu lo tenías apartado! (Primera coincidencia).

Nos íbamos a terminar casando con 15 días de diferencia así que comentábamos como íbamos en nuestros planes, hablábamos de lo típico: ya encontraste la música, el coro, el vestido!

Un día voy a buscar ese famoso vestido salido del cuento de la cenicienta, me enseñaron todos y con la pena pero ninguno me gustaba, cuando pensé que podría llegar bichi al altar, me enseñan el nuevo modelo recién llegado, me lo pruebo y no sé que tenía el vestido que me veía mejor que las modelos de Victoria Secret con ropa, así que lo aparté pero no di dinero, fue trato de palabra.

Hablando después con mí prima fulanita, me comenta:
Encontré el vestido de novia!
Le contesto: yo también.
En dónde? En pétalos y arroz.
Yo también!
Que padre, cómo es?
Tiene un encaje y es strapless…
El mio también!
Había una muestra que tenía el encaje rojo.
El mío también! Whaaaat??
Cuántos vestidos de muestra pueden existir rojos?
Sólo el nuestro!

Ahí nos empezamos a dar cuenta que hablábamos en efecto del mismo vestido, colgamos nuestra intensa llamada y hablamos a la tienda para confirmar la tragedia, nos había gustado el mismo vestido, y ninguna estaba dispuesta a cambiarlo, aquella historia de la película: guerra de novias, con la pena pero si pasa.

Ella me decía: es el vestido de mis sueños, no lo pienso cambiar.
Y yo le contestaba: pues yo tampoco, entonces mejor lo compartimos, llevo a Fulanito y le digo ese es el vestido que yo usaré, yo lo vi primero!
Yo ya lo aparté.
Yo también.
Ya di dinero.
Yo también, ya lo pagué!

El chiste era que una diera su brazo a torcer, cosa que ninguna quería hacer.
Mí instinto asesino gandalla se hizo presente, prometimos volver a hablar antes de pagar el vestido, pero colgué la llamada y salí corriendo a dar el anticipo, como en las películas cuando los va a dejar el avión, igualito.

Al día siguiente recibo una llamada de la tienda: lamentó decirle que no es el mismo modelo, el de su prima tiene unas diferencias no es tan larga la cola y es menos ancho, así que se lo podemos vender, la señora estaba sorprendida por el caso peculiar de dos primas enamoradas del mismo vestido que tenian en jaque a toda la tienda y pusieron en marcha el plan de convencer a alguna de cambiarlo, esa mañana fue crucial para ambas, al final mi prima encontró otro vestido y yo me salí con la mía.

Desde entonces no volvimos a hablar, nuestras respectivas madres (porque si tenemos) estaban haciéndose las disimuladas como si nada pasara, no se toco más el tema.

El día de su boda llegue todavía con la duda o remordimiento de conciencia, como lo quieran titular, eso de no hacer las cosas derechas genera agobios y más en trámites matrimoniales, había una variante del vestido que si se podía vender, recuerdan?

Así que el día de su boda le dije a mí mamá: mira te bajas, ves si trae mi vestido y si no es, me bajo del carro.
Obvio mi mamá ignoro mi petición de niña con retraso mental y me baje a la misa, mi corazón hacia ta ta ta tan al verla entrar por el pasillo ese con alfombra color rojo, ya que supervisé que no era mi vestido, pude bailar en la fiesta.

Si creen que aquí termina la historia esperen, las coincidencias continúan, tiempo después mi tía me dice que fulanita estaba embarazada pero…momento a los pocos días me entero que yo también! es en serio…y va a tener niña…y yo también!

Nuestras hijas nacieron con 5 días de diferencia, gracias a ellas, nuestros conflictos se solucionaron y no gano ningún vestido, gano nuestro cariño, pese a todo hoy ambas lo platicamos y nos reímos de eso, no cualquiera tiene una anécdota como la nuestra y sobrevive para contarlo.

Al final y como dato importante, les anuncio a ustedes que yo me quedé con el vestido y ella le atinó al novio.

Así las cosas.

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