Novia Fugitiva 

Tocó el timbre de su casa, entro como Pedro por mi casa al ver que la puerta está abierta, saludo a mi amiga, me siento en la mesa y pregunto: ¿y ese vestido?

Muy quitada de la pena me contesta: es mi vestido de novia!
Me río y le digo: de seguro es el vestido de quince años que llevaste a la tintorería.
No, es mi vestido de novia, me confirma como si estuviéramos hablando de quesadillas, ¿de qué me perdí? ¿Donde está el novio? ¿Debajo de la mesa? Y porqué me entero de está manera!
A las mujeres nos dan el anillo de compromiso y en ese momento usamos el teléfono para hacer un comunicado mundial a todas las amigas y andar con la mano en alto enseñand
o el brillante que algunas veces debo confesarles muchachas no brilla eh!
Pero, qué haces cuando en vez de darte un anillo, te mandan directo el vestido de novia?
Está historia es real muchachos, bueno irreal también pero sigamos con mi relato.
Ahí estaba yo frente a frente preparada para ver el famoso vestido que hasta velo incluido traía, por supuesto revisé todo con lupa hasta la talla del vestido, ya ven que eso hacemos las que somos buenas amigas, el muchacho o quien fue a comprarlo tiene buen gusto, por lo menos mandaron uno bonito muy del gusto de la amiga de la novia y posible futura madrina que vengo siendo yo.
Imagina la escena: tú acostada viendo la novela, tocan la puerta: doñita venimos
de estafeta! abres la puerta y recibes el paquete enorme, lo abres como si fuera el regalo de santa claus que nunca te trajo y pum, un vestido de novia mandado por tu ex novio con el que no hablas hace un año! después recibes un mensaje a tu celular que dice así: “como regresas los anillos”…
eso era todo, ni un hola, bebe cómo has estado? pobre tipo de seguro estuvo planeando que hacer para que no le regresaran el anillo de compromiso y tuvo la gran idea de no dar la cara y mandar un vestido, qué pensaba? que ella saldría corriendo a sus brazos vestida de blanco con todo y mantilla puesta para decirle que lo ama y que el vestido de pronto la hizo reflexionar. No señores los vestidos y los anillos no hacen reflexionar a los ex novios.
Que extremas las ideas en plena modernidad en donde la gente ya ni se casa.
Después de platicar semejante indecisión me fui a su recamara (parecía yo detective ese día) de pronto veo ante mí una cartulina que decía rango de edad y características que quería del hombre de sus sueños, mi amiga no solo anoto y pidió cada detalle si no que describió los requisitos que cubría el dueño del vestido, por si no lo había notado me encargue de dejarle claro que el vestido era la respuesta a su cartulina, lo que pasa es que hay que saber pedir y saber cuando llegan las respuestas a nuestras plegarias, como dicen por ahí, las mujeres pedimos al príncipe azul y ya que llega no es del azul que queríamos, así no se puede, pero me queda claro que hay maneras de pedir matrimonio, tantos meseros por ahí regados en restaurantes, expertos en llevar escondido el anillo en el postre, y otros queriendo innovar con técnicas novedosas que dan más miedo que ganas.
Miedos que generan compromisos, compromisos que te dan miedo, decisiones momentáneas con efecto de por vida, no sé piénsenlo.
Respecto a mi amiga no era la primera vez que sale corriendo, eso hace cada que alguien se lo propone, no sean envidiosas que se lo proponen muy seguido, yo sólo espero que el siguiente que le pida matrimonio no le mande unos zapatos Jimmy Choo y en el peor de los casos terminen mandándole ya listo a su futuro hijo.
Qué cosas.
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