Señora, Señora.

Cierto día me encontré en la disyuntiva: ¿quieres parto natural o cesárea? a lo que respondí: natural y sin anestesia.
Momento no se burlen de mi todavía, no era como pedir una orden de tacos, pero yo me sentía la mujer más valiente y poderosa a punto de convertirme en madre.

Fui a mi curso psicofrofilactico, segura de mi valentía y no les dije que quería parto en agua por no verme exagerada, la señora que me enseño a respirar en las contracciones se quedo corta y finalmente creo que no aprendí nada o se me olvido todo.
La fecha se acercaba, iba llegando con mis pies hinchados y kilos extra muchos extra, era una hermosa pelotita andante, disfrutando del jugo de naranja, las conchas y la nieve de vainilla, claro que ser madre cuesta y yo invertí mi embarazo en comida.

Llegue al hospital recuerden que muy segura de mi misma, fresca como lechuga repitiendo que tendría a la niña por parto natural, horas después entendí que soy muy fregona, valiente, poderosa y absolutamente rajona para que me martiricen provocando dolores extremos tratando de que nazca alguien que no quiere hacer el esfuerzo por nacer naturalmente.
Así que después de horas de tortura y teniendo en cuenta que la niña era floja desde antes de nacer, pedí me quitaran esa cosa que hacen llamar oxitocina y que me dolía demasiado (este procedimiento en seco lo llaman duele más, créanme estuve a punto de arrancar el suero e irme caminando al quirófano para terminar mi calvario)
Recuerdo voltear a ver a mi entonces marido y a mi mamá, me decían con la mirada, espera y puja, tú puedes! nombre yo hice como que no vi nada, a ver pujen ustedes! Tarde se me hizo llegar al quirófano, al fin llegue al lugar ese tan iluminado y en donde el pudor que mi madre con tanto esmero sembró en mi se vio eliminado por completo.

Jugaron con mis emociones con la epidural, esa mágica anestesia que dijeron te podía dejar sin caminar y que me dolía años después todavía, ya que se aseguraron que quede bien amarrada como loca en manicomio a la cama, llego el momento mas hermoso de mi vida, ya va a nacer! escuche que dijeron los doctores, mientras un schok se apoderaba de mi.
Cuando nació no escuche su llanto al instante, pero no se preocupen despues aprendió a llorar muy bien y ahora el problema es callarla.
El momento en donde escuche su llanto fue la gloria, era ella! ya que se dignaron a presentarla con su valiente madre le di un beso, era perfecta mi bebe, era mía.

Ya en el cuarto yo traía una energía impresionante, no sé que me pusieron en la anestesia, luego les paso el dato del anestesiologo por si ocupan! lo primero que hice fue revisarla a ver si venia completa y confieso ver si no había heredado las orejas de su mamá tipo dumbo en femenino y que tuviera que ir ahorrando para la operación, y pues las orejas estaban bien, era oficial ya podían celebrarme el día de las madres.
Cuando llegue a casa la acosté en mi cama y la vi…dije: ay guey (si, así dije, ustedes disculpen!) no te quedaste en el hospital y ahora qué hago? ¿Cómo se baña? y si la ahogo? ¡se me va a resbalar! ¿Cómo le cambio el pañal? ¿Cómo le doy leche? ¿Ya le puedo poner caricaturas?

Debo admitir que la valentía me llego después, ya que deje los atoles y el saca leche y los cambie por una maternidad menos compartida y más sola que acompañada, ahí fue donde me salió el carácter, en donde me cambio la vida.

Después de todo tengo derecho a sentirme algún día cansada, insegura, orgullosa, mala madre, otros días la mejor madre del mundo, preocupada, enojada, harta, feliz.

Ella me da las gracias por darle la vida cada 10 de Mayo, yo le doy gracias a ella por vivirla a su lado, porque ha venido a darme mas grandes lecciones y demostrarme que existe un amor tan grande y bello como el que le tengo a ella desde antes de tenerla en mis brazos.

Sólo le pido a mi hija una cosa públicamente, ni se te ocurra algún día de las madres que compartiremos juntas regalarme refri, licuadora, lavadora o alguna blusa.
Disfruta ese día a mi lado y ya después 
regálame un día en un spa o un viaje para mi sola en donde se me olvide por un instante que soy madre y que hubiera desquitado usar más la lavadora.

¡Feliz día de las madres!
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